un diario posible

lunes, 30 de marzo de 2009


Hoy salí para el trabajo y se fueron pegando: el perfume de un hombre que pasaba, el perfume para la ropa de una boutique, el olor del jabón de una portera que baldeaba la vereda. Cuando llegué: el olor a escuela (sudor, tiza y papel y goma de borrar), el olor del aula (mucho más fuerte, olor a adolescente enjaulado). A la vuelta el olor casi imperceptible de una carnicería donde compré milanesas (es un pecado ahora que las carnicerías tengan olor a carne), olor a escapes de autos, olor del kiosco de la esquina. En casa me desvestí de esos olores: ropa, agua, jabón. Volví a vestirme: jabón, crema, ropa, perfume: las capas de mi olor. Por dentro no sé cuál es.

1 comentarios:

Ines on 31 de marzo de 2009, 0:58 dijo...

A mi me huele bien! je Como todos cuando "mortamos", es decir, siempre:vida-muerte, arriba-abajo, carne-lavandina...pobre de nosotros pollos, ¿alguna vez tendremos olor post-mortem lavandina?