La ciudad se vuelve amarilla, blanca y celeste en la luz de la tarde. Abro la ventana. Leo un libro de Hopper que me prestaste y pienso que tal vez me presientas sentada en el sillón a través de las cortinas que la brisa mueve.
1 comentarios:
Claudia on 16 de febrero de 2011 a las 20:28
dijo...
1 comentarios:
que lindo..besos
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